El otro día estaba con Marc, un compañero de trabajo, hablando sobre fotografía, cámaras y objetivos, cuando me enteré que tiene un Nikkor 70-300. Fue tan amable de invitarme a que lo probara, que no pude negarme, y mas estando el viaje a Sevilla a la vuelta de la esquina.
Éste es el bicho en cuestión.
Mi Nikkor 18-70mm es una pequeña maravilla, pues tiene un rango casi perfecto para todo tipo de fotografía, ya sea de corto o de largo alcance, pero cuando tienes entre manos un 300mm, te permite fotografiar cosas antes impensables...
Aquí hubiera sido imposible realizarla sin un tele, a menos que no quisiera recibir un capote del caballito :D
Esta foto está tomada en el Alcázar, junto a la Catedral. La rosa estaba rodeada de un seto y no era posible acercarse lo suficiente como para realizar un macro. Una perfecta ocasión para usar el tele.
Algo parecido sucedió con esta farola junto al Ayuntamiento, al tener tanta altura una fotografía macro no era posible, y tampoco disponía de ninguna escalera a mano :P
Aquí la necesidad fue diferente, si que me podía haber agachado para realizar esta captura, pero entonces se cerraba el ángulo del encuadre. Un ejemplo perfecto para usar el tele y capturar esa preciosa farola sevillana a través del charco.
Fotografiando el caballo del fondo, junto al Ayuntamiento, me percaté que Karo estaba revisando las fotos en esa postura tal cool, sólo tuve que dar un par de pasos a la izquierda y voilá.
Tener un teleobjetivo en mi equipo fotográfico es algo que tengo claro quiero tener. Aunque mi prioridad ahora mismo es un 50mm 1.4 ó 1.8. Bueno, mas que una prioridad es mas bien una obsesión; la claridad de este objetivo y los bokeh's que se pueden lograr, me tienen absolutamente ofuscado.
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